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sábado, 17 de diciembre de 2011

Primera Parte III

-¡Ah! ¿ese? lo rescaté del Cementerio de los libros olvidados ayer.
-¿Lo rescataste?
-Sí, verás daniel, a ese cementerio van todos los libros muertos, es decir, esos libros de los cuales ya nadie se acuerda, de los cuales nadie ha oido hablar, que no figuran en ningun archivo... en ningun historial. Ayer estuve alli, este libro me llamo la atención y lo rescaté del olvido. ¿Quieres llevartelo y lo lees?
-¡Guau! ¡ Me encantaría ir a ese sitio! ¿Donde está, cerca de aquí?
-Eso no te lo puedo decir Daniel, es un secreto que solo unos pocos afortunados conocemos, y tú lo conocerás cuando crezcas y estés preparado para saber entender todo lo que se esconde allí.
-Pero... ¿Por qué es un secreto? A la gente le encantaría saber de la existencia de ese lugar...-dije con una sonrisa ilusionada.
-Te equivocas muchacho... si esos libros están ahí es por culpa de esa gente que hablas.
Finalmente cogí el libro de pastas negras que Don Ernesto había rescatado y me fuí corriendo a mi casa con la intención de empezar a leerlo en cuanto llegase.
Una vez en casa me dirigí a mi habitación me senté sobre la cama, con las piernas cruzadas y abrí aquel libro "muerto".
Tenía pinta de tener mas de doscientos años y llevar mas de cien cerrado, desprendía un cierto olor a polvo y sus páginas estaban algo desgastadas, su autor era un tal Silvio Ferrer en la primera página del libro había una dedicatoria escrita a mano con pluma:
                                               
                       "Para la persona que me devolvió la vida"

Era una dedicatoria anónima puesto que ni tan siquiera decía a quien iba dedicada ni por quien.

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