-Daniel, hijo, ya está la cena casi lista. Baja en cuanto puedas, ¡ y ponte las gafas si vas a leer!
Tenia gafas desde hacía dos años pero apenas me las ponía porque nunca me habían gustado.
-Sí mamá ahora voy. ¿Has visto mi libro nuevo?
-¿Ese libro es bueno? ¡Pues si está destrozado!
-Es que en realidad es muy antiguo.
-Bueno, venga ¡a cenar!
No sé si por curiosidad o por las ganas que tenía de leer algo nuevo, pero en cuanto terminé de cenar, subí a la habitación y con cautela y algo de tacto continué leyendo o mejor dicho, empecé a leer aquel misterioso y antiguo libro. Me llamó la atención unas iniciales en el pie de página:
A. G.
¿Que significarían esas iniciales? seguí leyendo y estas se repetían en el mismo sitio cada dos páginas.
Finalmente me quedé dormido con el libro abierto sobre el pecho, y no recuerdo demasiado bien, pero se que soñé con esas iniciales.
A la mañana siguiente me dirigí a la tienda de Don Ernesto, tenía la esperanza de que el supiese decirme que significaban aquellas dos letras. No tuve la suerte que esperaba, él tampoco sabia nada de su significado.
Terminé de leer ese libro aquella misma tarde setecientas trenta y una páginas que hablaba de una extraña religión que ya no existia, y con bastantes crímenes sin descubrir.
Sé que guardé el libro y no volví a abrirlo hasta diez años mas tarde, pues justo se cumplian diez años desde que Don Ernesto me dió ese libro, cuando recibí una extraña invitación de un anónimo con esas iniciales que nunca había olvidado.
"Estimado Daniel Martín me enorgullece invitarle a mi fiesta de bienvenida que tendrá lugar a las afueras de Barcelona el día 10 de Junio a las 21:30.
Fdo: A. G."
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